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MaBat

Una mirada creativa hacia el Bat Mitzvá 
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Información práctica

  • Ocho sesiones mensuales, de septiembre a abril, en Casa Adret.

  • Un encuentro ritual de cierre en mayo.

  • Un cuaderno personal que documenta el proceso.

  • Raíces, un proyecto transversal de exploración de los orígenes y el legado familiar.

  • Actividades artísticas, corporales, culinarias y comunitarias.

  • Un programa compartido por cada niña y su madre, padre u otra persona adulta significativa, que la acompaña a lo largo de todo el proceso.

 MaBat es un programa anual para niñas de entre 11 y 13 años que atraviesan la etapa del Bat Mitzvá, acompañadas por su madre, su padre o una persona adulta significativa. 

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En hebreo, mabat significa “mirada” o “perspectiva”, mientras que bat significa “hija”. El nombre expresa la invitación central del programa: detenerse y desarrollar una mirada propia sobre la identidad, el cuerpo, la memoria, la pertenencia y el mundo que las niñas comienzan a habitar con mayor autonomía. 

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MaBat no es una preparación religiosa o institucional para el Bat Mitzvá. Es un proceso simbólico de acompañamiento a la entrada en la adolescencia, inspirado en la cultura judía y desarrollado desde una perspectiva feminista, progresista, plural y contemporánea. 

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Entre los 11 y los 13 años, las niñas experimentan importantes transformaciones. Cambia el cuerpo, se intensifican las emociones, la opinión del grupo adquiere un nuevo peso y la relación con la familia empieza a reorganizarse. Aparecen preguntas sobre quiénes son, cómo quieren mostrarse, qué necesitan proteger y qué lugar desean ocupar. 

 

El Bat Mitzvá puede ofrecer un marco cultural y simbólico para acompañar este momento. En lugar de entenderlo solamente como una fiesta o como el cumplimiento de una obligación religiosa, MaBat lo plantea como una oportunidad para iniciar un proceso de reflexión, diálogo y crecimiento compartido. 

Desde algunas lecturas de la mística judía, esta edad representa el despertar de una conciencia más autónoma y la ampliación de la capacidad de discernir. La joven comienza a reconocer que sus actos tienen consecuencias y que puede participar conscientemente en la transformación de su entorno. 

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MaBat recupera esta idea sin imponer una creencia determinada. Lo espiritual se aborda como la posibilidad de encontrar sentido, conexión y profundidad en las experiencias cotidianas. Una acción puede volverse significativa cuando se realiza con conciencia: escuchar, reparar, cuidar, crear, poner un límite, proteger la naturaleza o intervenir ante una injusticia. 

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El calendario judío como mapa de crecimiento 

El programa se desarrolla mediante ocho sesiones mensuales, vinculadas principalmente con momentos del calendario judío, y un encuentro final en la naturaleza. 

Las festividades no se estudian únicamente como acontecimientos históricos o religiosos. Cada una abre una pregunta relacionada con el crecimiento: 

● Rosh Hashaná y Yom Kipur nos hablan de comenzar, elegir y reparar. 

● Sucot permite explorar el hogar, la vulnerabilidad y la comunidad. 

● Shabat nos invita a detenernos y cuidar nuestro tiempo. 

● Janucá plantea cómo encontrar y compartir la propia luz. 

● Tu Bishvat conecta el crecimiento personal con la tierra. 

● Purim permite hablar de identidad, máscaras, protección y voz. 

● Pésaj introduce preguntas sobre la libertad y la responsabilidad frente a la injusticia. 

 

El ciclo menstrual y los cambios corporales ocupan también un encuentro específico. Se trabaja con información clara, respeto a las diferentes experiencias y una mirada simbólica sobre los ciclos, sin presentar la menstruación como condición para ser mujer ni como medida de madurez. 

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Una mirada feminista y plural 

Los textos y relatos judíos serán leídos desde preguntas contemporáneas. Prestaremos especial atención a mujeres en las historias y las que han sostenido la transmisión cultural mediante los alimentos, los relatos, las canciones, los cuidados y la vida cotidiana. 

 

No buscamos ofrecer interpretaciones cerradas. Queremos que las niñas puedan preguntar, disentir, reconstruir y descubrir qué significado pueden tener estas historias en sus propias vidas. 

La identidad judía se presenta como diversa y en movimiento. puede ser cultural, familiar, histórica, espiritual, comunitaria o una combinación cambiante de todas ellas. También hay lugar para familias diversas, distintas maneras de pertenecer, historias de migración, identidades múltiples y preguntas aún sin respuesta. 

 

Crear para comprender 

Cada sesión combina conversación, textos, experiencias sensoriales y una acción artística diferente. 

Trabajamos con: 

● Collage y dibujo. 

● Pintura y escritura. 

● Costura y bordado. 

● Elaboración de pan. 

● Velas e instalaciones. 

● Máscaras y teatro. 

● Movimiento y meditación. 

● Land art y siembra. 

● Objetos y fotografías familiares. 

 

La creatividad no se entiende como una habilidad reservada a quienes “saben hacer arte”, sino como una forma de conocimiento. Crear permite expresar aquello que todavía no puede explicarse con palabras, ensayar identidades, formular preguntas y dar forma a los cambios. 

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Cada niña trabaja un cuaderno MaBat. Es un archivo personal donde puede reunir imágenes, frases, dibujos, fotografías, reflexiones, recetas, preguntas y descubrimientos. No es un cuaderno escolar ni se evaluará. Algunas páginas pueden compartirse y otras permanecen privadas. 

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Raíces: un viaje al origen 

Las raíces representan nuestro origen y aquello que nos sostiene. Aunque no siempre podamos verlas, nos conectan con las personas, las historias y los lugares que existieron antes de nosotras. Cada niña lleva consigo recuerdos, migraciones, lenguas, recetas, decisiones, silencios y valores que comenzaron mucho antes de su nacimiento y que continúan transformándose a través de ella. 

Raíces será el hilo conductor del programa. Comenzará en septiembre y se desarrollará mediante pequeñas misiones familiares.

No se tratará de construir un árbol genealógico perfecto, sino de acercarse a la propia historia con curiosidad para comprender de dónde venimos, qué deseamos conservar y qué queremos transformar. 

Las ausencias, los silencios, las contradicciones, las adopciones, las familias elegidas y aquello que no se conoce también podrán formar parte del relato. 

Las tareas durarán aproximadamente entre 20 y 40 minutos y podrán realizarse semanal o quincenalmente. 

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Crecer acompañadas ​

MaBat reconoce que el paso hacia la adolescencia pertenece a cada niña, pero no tiene que vivirse en soledad. Las familias y las personas adultas significativas participarán en algunas actividades, conversaciones y momentos rituales. 

Su función no es decirles a las niñas quiénes deben llegar a ser, sino ofrecer memoria, escucha y acompañamiento. El programa busca crear nuevos canales de conversación entre generaciones y ayudar a las personas adultas a acompañar los cambios sin invadir la intimidad ni cerrar las preguntas demasiado pronto. 

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Un rito de cierre 

El proceso concluye con un encuentro colectivo en la naturaleza. Allí, cada niña podrá compartir una parte de su recorrido: una historia, una creación, una página de su cuaderno, una interpretación de su parashá o un objeto significativo. 

Las personas adultas ofrecen una carta de reconocimiento y acompañamiento. Cada niña formula, además, una acción consciente o compromiso personal para la etapa que comienza. 

Este encuentro no pretende certificar que las participantes ya son adultas. Al contrario: reconoce que siguen necesitando cuidado, guía y tiempo. El rito señala que algo ha comenzado a transformarse y que la comunidad está presente para acompañarlo. 

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MaBat propone mirar el Bat Mitzvá como un umbral: un momento para reconocer las raíces, escuchar el cuerpo, desarrollar una voz propia y comenzar a preguntarse no solo “¿quién soy?”, sino también “¿cómo quiero estar en el mundo?”. 

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